Historias

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Irina y Carlos

Carlos entro por la puerta de la agencia lleno de esperanza e ilusión sobre su futuro. Algo triste me fue contando su vida. Cuando Carlos era solo un adolescente su madre se quedo viuda y el se hizo cargo de ella. Ayudándole en todo este niño crecía madurando y convirtiéndose en un hombre seguro, independiente y autosuficiente. Tenía muchas inquietudes pasando desde la informática hasta en la participación política y estudios de modelos de aviones militares de todos los países.

Llegado un momento, cuando su madre (ya muy mayor) y necesitada de ayuda de enfermeras diariamente, decidieron que estaría mejor cuidada en una residencia. Tras esto se encontró, en una casa que le parecía enorme y muy triste para el solo.

Y al enfrentarse a esta soledad, decidió dirigirse hacia una agencia matrimonial. Fue allí donde le conocí.
Tras estudiar su perfil, le presente información sobre varias posibles candidatas y el mostró interés por una chica que le gusto mucho. Esta era de Novosibisk, capital de Siberia

Pero fue en la tercera presentación cuando conoció Irina, una chica de Kirov. Una mujer encantadora, siempre alegre y… Carlos la conquisto desde primer día con su inteligencia, conocimientos de música, arte y cultura. A partir de este día esta pareja ya no pudo separarse mas. Se han visto cada día y no paraban de hablar, pasear, hacer deporte juntos, viajar.

En unos meses se fueron a vivir juntos y un día quedamos juntos para ir a la iglesia rusa. Cuando yo vi a Carlos bajando del coche, no le reconocí. El había adelgazado 48 kilos (antes era un hombre que tenia bastante peso). Sus ojos brillaban de felicidad y alegría y a su lado tenia a la mujer que amaba y la niña de ella.

El 24.02.2006 hemos tenido una preciosa boda donde Carlos e Irina se sentían completamente felices como esposos y como padres.
“Lo mas bonito es cuando puedo escuchar en casa conversando a la madre con su hija, cuando ríen, cuando huelo la sopa, cuando podemos cuidar nuestro jardín, cuando podemos ir juntos al tenis, pintar cuadros, ver películas, viajar… ¡Esto es felicidad!”; dijo Carlos.